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La trata de personas en Perú: cuando las mujeres son la mercancía

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Crimen sin perdón. El año pasado se han identificado a 194 víctimas en nuestro país. La cifra real sería mayor, según la Policía.

Irene es el nombre de una peruana que fue llevada con engaños a trabajar como prostituta a un burdel japonés. En casa, las cosas iban de mal en peor, su esposo la había abandonado y ella no tenía dinero para mantener a su hijo. Buscó trabajo, pero no encontró nada. Ser madre soltera le cerró todas las puertas. Fue entonces que decidió migrar al extranjero.

Un chico de una agencia de empleo que acababa de conocer le pasó el dato de que en Japón llevaban gente de Perú y de varios países de la región a trabajar en fábricas como obreros. La paga era buena: US$6 mil por mes. Además los dueños correrían con los pasaje, los trámites y el hospedaje. El trato era que vaya pagando la deuda con parte de su sueldo. Irene aceptó y en menos de una semana tenía maletas, pasaporte y una carta de invitación del dueño de la fábrica japonesa.


Irene viajó ilusionada pensando que había encontrado el trabajo soñado. Sin embargo, cuando llegó a Japón, se dio cuenta de que había sido víctima de un cruel engaño. Su supuesto jefe resultó ser un mafioso vinculado a la temida Yakuza, la organización que, entre otros crímenes, compra personas para explotarlas sexual y laboralmente.

En su primera noche como esclava sexual se tuvo que acostar con decenas de hombres. ¿La paga? Nada. Apenas dormía, la golpeaban, violaban y drogaban. Quiso escapar, pero el miedo que sentía la obligó a aceptar su realidad. Resignada comenzó a esconder las propinas que sus clientes le daban dentro de su vagina.

EXPLOTADOS POR VERDUGOS. “Anualmente cerca de un millón de hombres, mujeres y niños son víctimas de la trata de personas en el mundo. Algunos son explotados laboralmente, otros (en menor porcentaje) son víctimas de tráfico de órganos; casi el 80% es explotado sexualmente”, sostiene Dimitri Senmache, presidente de la Red Peruana Contra la Pornografía Infantil (RPCI).

Las víctimas, como Irene, no solo son forzadas a prostituirse, sino también sufren de abuso físico y psicológico. También son contagiados de sida, indica Senmache. La ganancia que genera este delito alcanza los 32 mil millones de dólares al año. Por ello, la trata de personas es ahora el segundo delito más cometido en el mundo. El primero es el tráfico de armas y el tercerro el tráfico de drogas.

INCERTIDUMBRE Y DOLOR. En el Perú, por lo general, las chicas son captadas en provincias y llevadas a los prostíbulos de la capital. Luego su destino es el extranjero. No hay cifras exactas de lo ocurrido en nuestro país, pero la ONG Capital Humano y Social (CHS) contabilizó 194 víctimas en 2009. Entre 2004 y 2009, los casos suman 659.

Las engañan con promesas de trabajos, becas de estudio o con supuestos casting para modelos. “Las de menos suerte son enviadas al extranjero. A estas nunca se les ubica”, dice Senmache. Otra característica de este delito es la violencia y el consumo forzado de droga. “La más usada es la heroína porque crea rápida dependencia. Una vez que te la inyectan, tu cuerpo pide más y, si no tienes dinero para comprarla, solo te queda someterte”, señala.

La trata es perpetrada por organizaciones que conocen muy bien a quién captar, cómo contactar y cómo dejar marcada a una persona. Han pasado más de 10 años desde que Irene vivió esa pesadilla. Hoy sigue viviendo a escondidas, pero aceptó contar su historia con la finalidad de que otras chicas no pasen la misma pesadilla.

Por Juana Avellaneda

Fuente: http://peru21.pe/

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