En defensa del estado y el condón

El cardenal Cipriani está enojado. Lo vi por TV cuando, con ese sombrero enorme que está destinado –al igual que las capas y las ropas ampulosas– a marcar las diferencias con los simples mortales, la emprendió, nuevamente, contra el pobre condón. No sé si mi enemistad personal con el boato y la supuesta autoridad intelectual de unos sobre otros a base de prestigios arbitrarios me nubla la razón pero, dicho con toda humildad, los argumentos que presenta este pastor de almas son tan anémicos, que uno no puede menos que considerarlos un insulto a la inteligencia. No sé si nuestro cardenal sabrá que el cerebro humano dispone de cien mil millones de neuronas y que cada neurona puede hacer de una a diez mil conexiones con las otras neuronas y que de eso resulta que la capacidad de nuestro cerebro es de diez elevada a la billonésima potencia. Es decir, si Dios, respetando la creencia del cardenal, le puso en su cabeza semejante arsenal, no es para que solamente lo cuide con su enorme sombrero. Si las tiene, úselas. Si repudia la repartición de condones por parte del Estado busque argumentos más creativos, más creíbles, más sensatos.

Lo que el cardenal dice podría –y lo digo convencido– ser considerado como una invitación al suicidio. Así de claro. ¿Puedo convencer a un joven que el uso del condón es pecado? Eso es fácil: tantos años de lavado cerebral más los miedos de la ignorancia le facilitarán el éxito. Lo difícil es saber cómo ese joven va a manejar su impulso sexual. ¿Tendrá la fórmula el cardenal?

Si la tiene le ruego que se la transmita a tantos y tantos pederastas que han dañado la imagen de la Iglesia Católica y estragado la vida de sus víctimas. Si con la presión de los hábitos que portan y la presión social suplementaria que ello genera, tantos curas han abusado de menores… ¿qué puede esperarse de muchachos jóvenes, con una formación moral laxa y expuestos a una oferta sexual permanente en la que el consentimiento de su pareja, por lo general, está implícito? ¿Creerá el cardenal que el condón es como la bebida y la farra que invitan a liberar los instintos? Todo lo contrario.

Nada hay tan poco excitante como un condón. Invita menos al sexo que a conversar con una beata. Es una concesión que felizmente cada uno hace por respeto a su propia vida y por respeto a la vida de su pareja. Algunos se abstendrán de materializar una relación por carecer de condón. No todos. Quizá los más informados, que son los que menos abundan en los sectores humildes. La mayoría obedecerá al impulso de sus instintos y, si le hace caso a Cipriani, corre el riesgo de enfermarse o de traer un niño no deseado que pasará a engrosar, con el tiempo, la multitud de oferentes de mano de obra barata que este sistema precisa para que los ricos sean más ricos y los pobres más numerosos.

Fuente: http://peru21.pe/

awesome comments!
Visto 1518 veces Modificado por última vez en Sábado, 20 Julio 2013 21:26