24 Octubre 2007

La imagen común que las personas tienen de los “conservadores” refiere sobre todo a su figura clásica. La imagen de un grupo de sujetos que forman comunidades sectarias o grupos herméticos, con codificaciones crípticas y rituales secretos, viene a la mente con rapidez. Al mismo tiempo, se suele asociar a los “conservadores” con grupos fundamentalistas o extremistas que están fuera del sistema, que marchan a contracorriente de las formas de la democracia o que pretenden un regreso a las maneras arcaicas de relaciones sociales (divisiones estamentales, gobiernos aristocráticos, formas de racismo, etcétera).

Sin embargo, la estructura de los grupos conservadores es más compleja y más difícil de comprender.

No se trata simplemente de fundamentalistas que buscan restaurar un “antiguo régimen”, sino de grupos que estando insertos en las estructuras de la democracia, utilizando sus instrumentos y sus procedimientos, buscan instaurar ideas y posturas que reafirman la unión entre Estado e Iglesia, que asumen que la familia monogámica heterosexual con mandato reproductivo es la única posibilidad y que están en contra de los diferentes métodos anticonceptivos, el matrimonio entre personas del mismo sexo y la despenalización del aborto (entre otros temas). Estos movimientos han crecido con fuerza en los últimos años en América Latina y tienen en el Perú un núcleo importante de acción y coordinación a nivel continental; grupos que reciben apoyo de organizaciones conservadoras internacionales y de diferentes instancias de poder político y económico en el Perú.