Violentadas y esterilizadas

¿Por qué las esterilizaciones forzadas no están en el Informe Final de la Comisión de la Verdad? Es la primera pregunta con la que me recibió el locutor de radio Wari en Huamanga hace unos días. El motivo de la entrevista era informar sobre el conversatorio que se haría esa tarde para hablar sobre las esterilizaciones forzadas.

A fines de los noventa,fui por primera vez a Ayacucho para recoger información sobre lo que ya se sospechaba y denunciaba, pero que muchas personas no pudieron ver, las esterilizaciones masivas y forzadas. Decenas de mujeres contando que, contra su voluntad, las llevaron, les mintieron, las obligaron o las convencieron; que nunca les leyeron un consentimiento informado, las complicaciones post operatorias que padecían; sufrieron la agresión del mismo personal de salud, de los fiscales que nunca les creyeron. Recuerdo el viaje por tierra a Huancavelica, los pueblos arrasados, las casas quemadas y vacías contrastando con hermosos paisajes. El sufrimiento y el horror enmarcados en una bella postal.

Recuerdo a esas mujeres contando cómo las esterilizaron, y cómo, de paso, relataban que a su hermano lo mataron, o a su primo, o a su padre, o a su madre. Todas tenían algún familiar, algún ser querido víctima también del conflicto armado interno.

Luego, debido a las audiencias públicas de la CVR, fui nuevamente para escuchar testimonios interminables de espanto y de dolor. Tiempo atrás había leído cada uno de los casos y me dolieron. Nunca imaginé cuánto más dolerían al escucharlos de la boca de los propios sobrevivientes. Hasta ahora los sigo escuchando, el testimonio sobre la desaparición de Yuri Agama de 12 años, a Margarita Patiño en Huanta detallando los últimos momentos de su esposo Hugo; a la mamá Angélica pidiendo que le digan dónde está Arquímides, su hijo; a la señora G.G. narrando la violación sufrida por 7 policías, contando la angustia de no saber que le pasaba después, el desconcierto al enterarse de su embarazo; la masacre de Ccano. También recuerdo a un grupo de apristas que llegaron a gritar e intentando boicotear las audiencias, pisoteando así el dolor de una testimoniante que, en eso momento,contaba entre lágrimas todo lo que vivió.

Y, sin embargo, no pudimos hacer el vínculo entre estos terribles crímenes, entre todo el espanto causado en el conflicto armado, los crímenes cometidos por Sendero, el MRTA, por las Fuerzas Armadas, por la Policía, y las cientos de miles mujeres esterilizadas sin su consentimiento, con engaños o a la fuerza. ¿Sabemos cuántas de estas mujeres fueron víctimas también del conflicto armado? ¿Cuántas mujeres esterilizadas fueron también violentadas, les desaparecieron o les mataron algún familiar o si huyeron de su comunidad? Como si hubiesen sido compartimentos estancos, los vimos como terribles crímenes separados. No relacionamos este crimen como una consecuencia del conflicto, como una secuela del post conflicto.

La deuda que aún tiene el Estado para con estas mujeres es inmensa y quizás nunca pueda repararla de manera integral. Han pasado más de 20 años desde que el gobierno fujimorista implementó esta política que terminó esterilizando de manera forzada a miles de mujeres, siempre enfocándose en las más pobres, las que no sabían leer ni escribir, las que, según ese gobierno, nunca reclamarían. Pero se equivocaron. Estas mujeres sobrevivientes a tanta violencia resisten, reclaman y exigen justicia. Las he venido escuchando todos estos años, las escuché este fin de semana en Huamanga, mujeres de Ayacucho, Huancavelica y Cusco, organizándose entre ellas y exigiendo sus derechos.

Mientras escribo esto y recuerdo a esas mujeres valientes, me doy cuenta de cómo mi experiencia en Ayacucho no solo está atada a la violencia que la azotó, sino también a toda esa gente comprometida, que se deja la vida y el alma para sanar las heridas. Esas personas sobrevivientes que nos van enseñando día a día a resistir y a demandar dignidad, verdad y justicia. Las mamás de ANFASEP con ese museo tan chiquito y potente, que nos revela y nos cuenta el horror, que nos escarapela el cuerpo (¿por qué el LUM con tanto dinero invertido y espacio no puede enseñarnos ni conmovernos como lo hace el museo de ANFASEP?). Las mujeres valientes con las que estuve hace dos días, contando lo que vivieron, cómo les removieron las entrañas y cómo el Estado perpetró tantísimos crímenes directamente contra sus cuerpos; mujeres que a pesar del olvido y de la puerta trancada de la justicia por la fiscal Marcelita Gutiérrez, siguen organizándose y reclamando justicia y reparación.

Y vuelvo al inicio de mi reflexión, en esa entrevista radial que era sobre las esterilizaciones, el locutor nos recordó, como muchas otras personas lo han hecho, que el mandato de la CVR lo decía bien clarito: “Créase la Comisión de la Verdad encargada de esclarecer el proceso, los hechos y responsabilidades de la violencia terrorista y de la violación a los derechos humanos producidos desde mayo de 1980 hasta noviembre de 2000, imputables tanto a las organizaciones terroristas como a los agentes del Estado…”.

Quizás sea tiempo de empezar a pensar en una segunda etapa del Informe Final, en completarlo. Nunca se construirá la verdad total, pero es imperativo seguir buscándola, la ministra de Justicia, Marisol Pérez Tello, y el ministro de Defensa, Mariano González, ya han dado un paso fundamental al respecto al reconocer al Informe Final como un documento esencial para en­tender lo ocurrido en el periodo de violencia.

P.D. Hoy es miércoles 31 de agosto de 2016, hace más de 31 años se cometió una de los peores crímenes de nuestra historia, la masacre de Accomarca, donde las Fuerzas Armadas mataron a 69 personas en Ayacucho, muchas de ellas niñas, niños, mujeres embarazadas, adultos mayores. Hoy después de un juicio interminable de más de 6 años tienen que leer la sentencia de un crimen que el mismo Telmo Hurtado ha reconocido, son las 4 de la tarde y aún el Poder Judicial tiene en la puerta a los familiares que esperan desde la mañana, el maltrato, la falta de respeto, el silencio es desgastante. Mientras haya impunidad el dolor y el crimen continuarán perpetrándose.

Tomado de NoticiasSER

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