Recursos solidarios ante pandemias desiguales

A casi tres meses del rebrote del COVID-19, sus efectos en la crisis económica están lejos de ser completamente entendidos, revelando los modelos de desarrollo dominantes y los sistemas económicos que han reforzado durante mucho tiempo la desigualdad, el patriarcado, el colonialismo y los fundamentalismos sobre el bienestar de las personas y el medio ambiente.

Las personas LGBTI, como otros sectores vulnerables, nos enfrentamos, de pronto, no solo a escuchar que alguien cercano ya no está más, sino también a cierres de fronteras, aislamiento social obligatorio, distanciamiento físico, y el cierre de nuestras fuentes de ingresos. Hay quienes dicen que muches de nosotres ya estamos acostumbrades, ya que acompañan nuestras vidas las cuarentenas de clóset de nuestras sexualidades, así como épocas de VIH/SIDA, y violencia por ser como somos. Pues sí; estamos aquí, sobreviviendo en economías informales, viviendo del día a día para ganar lo suficiente, y resistiendo a la exclusión en la educación y empleo por el estigma y la discriminación.

Pandemias desiguales
La realidad es que, mientras los gobiernos de América Latina tratan de hacer cumplir las cuarentenas y las órdenes de distanciamiento físico, quienes dependen de ingresos diarios corren cada vez más riesgo de arresto y violencia. En nuestra región, aproximadamente el 50% de la fuerza laboral es informal; compuesta por comunidades indígenas, campesinas, afrodescendientes, excluidas durante siglos; y donde la violencia patriarcal contra mujeres y personas LGBTI ha permeado la sociedad. En una región como esta, el distanciamiento físico, intrincado con la crisis económica, no es una opción viable.¹

Sin embargo, quedarse en casa tampoco es siempre garantía de seguridad, sobre todo cuando las viviendas, vecindarios y asentamientos están densamente poblados y el acceso al agua limpia es limitado o inexistente.

Aunque el aislamiento es una medida de salud pública necesaria; debemos considerar que es un privilegio para un grupo y un riesgo para otro, en especial para muchas de nuestras compañeras trans, donde el aislamiento significa el hacinamiento como única forma de resistir la falta de un techo digno; o que incluso puede significar vivir el encierro con quienes les violentan.²

La pandemia no solo exacerba a gobernantes autoritarios a apuntalar intereses económicos, sino a algunos otros, a ensayar normas que infringen los derechos humanos, la justicia y la dignidad humana. Esto va de la mano con el aumento de narrativas antiderechos, amenazando la libertad de expresión y la ciudadanía. En muchos países de América Latina, las personas defensoras de derechos humanos continúan siendo acosadas y asesinadas; y bajo estas circunstancias, tienen que tomar la decisión entre su hacer su trabajo de defensa o simplemente proporcionar sustento a sus seres queridos.

Los casos de homofobia y transfobia de Estado han sido evidentes. Medidas como las de Pico y género, aplicadas en Panamá, Perú y Bogotá, dan cuenta que nuestras voces no fueron tomadas en cuenta en la respuesta a la pandemia, trayendo como consecuencia, no solo grandes aglomeraciones de mujeres, exponiéndolas al contagio, en los días de asignación, por las desigualdades en las tareas del hogar; sino que se exacerbó las agresiones a personas trans, en especial a las mujeres trans.

En el caso de Perú se registraron por lo menos 20 situaciones de detenciones abusivas, durante la compra de alimentos o medicamentos, llevándolas a las comisarías y quitándoles su Documento Nacional de Identidad.³ Siendo este documento, la principal evidencia de la injusticia estructural de no reconocer su identidad de género, a lo que se une la migración forzada a la que son expuestas, dejando secuelas de daños que no han sido reparados.

Recursos solidarios
Ciertamente, enfrentar la actual pandemia requiere de una solidaridad local e internacional inmediata, tanto desde nuestras propias comunidades como de la cooperación internacional, no solo para aliviar situaciones urgentes, e impulsar respuestas adecuadas de los Estados; sino para repensar el mundo, tal como es y cómo queremos que sea.

Es destacable la respuesta local de los grupos LGBTI con acciones solidarias de ayuda en alimentos, insumos sanitarios, atención primaria de salud física y mental, medicamentos, refugios temporales, que marcan la gran diferencia en todos los países de la región. Nuestras respuestas llevan ayuda, pero también reclaman un lugar en las decisiones en nuestra salud: sabemos que nos hacemos cargo de nuestros cuidados, pero en general se nos excluye de los lugares de poder durante las crisis sanitarias.

Así mismo, la cooperación internacional viene respondiendo al llamado de activistas de derechos humanos cambiando las prácticas de financiación. Diversos donantes y fundaciones están incluyendo financiamiento de emergencia y de mediano plazo, apoyo organizacional y flexible. Así también los fondos locales de respuesta rápida se han movilizado, financiando organizaciones y movimientos interseccionales. Esto, considerando incluso las amenazas de suspensión de recursos y de ayuda por gobiernos de turno antiderechos como el de los presidentes Trump y Bolsonaro.

Sabemos que hay situaciones difíciles, ya que muchas fundaciones privadas enfrentan pérdidas en sus fondos patrimoniales, que las lleva a la encrucijada de reducir sus presupuestos o repensar sus modelos y el equilibrio del gasto para conducir aún más dinero hacia el cambio social.

Medidas provisionales inmediatas
No es momento de aferrarse a las partidas planificadas, sino de reasignar fondos de forma audaz, sensible y efectiva durante las próximas semanas y los meses venideros e, idealmente, en gran escala. Algunas de las acciones concretas impulsadas por la Human Rights Funders Network comprenden4:

  1. Ofrecer extensiones sin costo para los subsidios en curso como práctica no negociable para una financiación sensible ante esta crisis.
  2. Dada la cancelación de muchos eventos del 2020, reasignar los fondos de viajes a acciones solidarias y nuevas formas de organización (como redes comunitarias de apoyo mutuo y prácticas emergentes de solidaridad, atención y cuidado).
  3. Contemplar que los procesos de solicitud y asignación de fondos sean lo más simples y rápido posibles, convirtiendo los subsidios en apoyo básico, flexible e, idealmente, multianual.
  4. Apoyar el cuidado colectivo y la seguridad holística que integra la seguridad digital, la seguridad personal, y el autocuidado. Especial atención merece la inversión en el acompañamiento de las tecnologías innovadoras, la organización virtual y la seguridad digital de nuestras comunidades para el activismo en línea.
  5. Continuar incidiendo con colegas donantes para que tomen estas medidas, con recursos en solidaridad con los movimientos sociales en esta época de crisis.

¿Nuevos tiempos?
Estas reacciones a la crisis, no nos deben desanimar de seguir cuestionando un sistema económico que requiere un cambio más fundacional y que solamente valora lo que genera riqueza. La financiación para el cambio social no puede seguir ubicándose en un sistema económico fallido, que ignora la fuerza destructiva de la acumulación, el trabajo precario, y la desprotección social.

Confiamos en que los nuevos tiempos proporcionen estrategias para escuchar a nuestros movimientos y promover diálogos sobre las mejores prácticas de donaciones y gestión de recursos, partiendo por la democratización de las ideas. Confiamos en que saldremos de esta pandemia con más entereza pero que no vendrá de nuestros aislamientos o cuarentenas; sino, surgirá de la comprensión con empatía de nuestra comunidad LGBTI y de la posibilidad de mirar la oportunidad de resistir a una pandemia desigual con nuestra fortaleza, nuestra solidaridad, y nuestra diversidad.

 

* Este artículo forma parte de la publicación “Coronapapers. Nuestra comunidad LGBTI en tiempos de pandemia” de ILGALAC. Accede al documento completo aquí.


Referencias:
1. Amie Bishop, MSW, MPH. Vulnerability Amplified: The Impact of COVID-19 Pandemic on LGBTIQ People, OutRight Action International, U.S.A. 2020.
2. Ariana Lira Delcore, La lucha de las mujeres trans en tiempos de pandemia, El Comercio, Perú.
3. Tania Tapia Jáuregui, Reportaje: Las lecciones que dejó el (fallido) intento del ‘Pico y Género’ en Perú, Sección: Política y Sociedad, CeroSetenta (070), Colombia.
4. Kellea Miller PhD, Articulo: What Does Resourcing For Social Movements Look Like When The Entire Ecosystem Is Under Threat? Association for Women’s Rights in Development (AWID), 2020