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Ella, no tú

La despenalización del aborto en caso de violación es un tema que aquí, a diferencia de sociedades más igualitarias, escala rápidamente hacia la polémica. El martes, luego de que la Comisión de Justicia del Congreso suspendiera su debate, la discusión se trasladó a las redes, donde los partidarios del “Déjala Decidir” y los del “Déjalo Vivir” se enfrentaron por varias horas.

Tras leer argumentos de ida y vuelta reafirmé mi opinión sobre el asunto: solo la mujer que ha sido víctima, la que ha sido violentada sexualmente y que, resulta embarazada producto de esa agresión feroz —que agrede el cuerpo y desgarra el autoestima—, solo ella debe elegir entre interrumpir el embarazo o dejar crecer en su interior a una criatura no deseada.

Desde hace años, a falta de respaldo estatal, miles de mujeres violadas se someten a abortos clandestinos en el país, y un dramático porcentaje de ellas muere en esos laboratorios. De ellas, sin embargo, no hablan mucho los “defensores de la vida”, que suelen arrastrar este problema al ámbito de la fe, ignorantes de que la legislación en un estado laico —y el nuestro lo es— debe atender las demandas civiles de sus ciudadanos, no sus convicciones religiosas. Hay que cuidarse del radicalismo de ciertas feligresías, aquí y en cualquier parte, porque tienden a neutralizar la gran discusión con delirios antológicos. Allí está, por ejemplo, la profesora española Gloria Casanova, que en 2013 dijo: “el aborto por violación no es tolerable porque de lo terrible sacas algo bueno, un hijo, un don de Dios”. O Richard Mourdock, candidato republicano al senado de EE.UU. en 2012, que afirmó: “los embarazos que resultan de una violación son algo que Dios quería que sucediera”. ¿Cuántos aquí piensan igual? Mejor no saber.

Ojalá que los congresistas tengan agallas para defender a las peruanas ultrajadas. ¿O acaso ellas tienen menos derechos que los animales, cuya protección legal acaba de ser unánimemente proclamada? Digo, nomás.

Tomado de La República 23.04.2015

 

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