El caso L. C. y lo que aún nos falta aprender

Aun cuando las estadísticas nos hablan del alto riesgo que corren las niñas de entre 10 y 14 años, las cifras que conocemos de violación sexual en esta población están muy por debajo de sus proporciones reales. Sabemos que el causante es por lo general un hombre conocido que le triplica la edad y que una de sus consecuencias es el embarazo no deseado.

L. C. es una de ellas. Victimizada en reiteradas ocasiones desde muy temprana edad, no recibió protección ni de su entorno ni del Estado, que a sus 13 años la hizo responsable de una relación sexual abusiva, le dio más valor a su embarazo que a su estado crítico de salud y le negó la intervención quirúrgica que le hubiese evitado la paraplejia que la acompañará por el resto de su vida.

Según el Código Penal, el aborto está permitido solo cuando es el único medio para evitar un daño grave y permanente. Para L. C., la ley no funcionó y tuvieron que pasar varios años para que encuentre algo de justicia. En dicho proceso, se convirtió en el testimonio vivo de miles de niñas víctimas de violación, que aún son obligadas a parir a pesar de los altos riesgos que ello implica.

Si la ley fuese efectiva y la intervención del Estado estuviese centrada en la víctima, se hubiese podido evitar un daño innecesario.

Artículo tomado del Diario La República